Ir al contenido principal

Cap. IV Bienvenido.


¿Cómo Tanis hay más? ¿Cuántos se pudieron haber perdido en una isla tan pequeña? Seguía un poco mareado por el somnifero que me disparó Tanis, le había preguntado poco después de que me ayudara a levantar con qué y por qué me disparó. Un dardo cuya punta estaba empapada en un hongo con propiedades somniferas.
"Un pinchazo y dormirás horas, ¡cinco y dormirás para siempre!"
Había reido Tanis mientras me enseñaba la punta de otro de sus dardos, otra razón para llamarlo loco.
La razón, muy sencilla, almenos para Tanis, por lo visto algunos de los extraviados se ponían bastante agresivos al conocer la verdad, así que era mejor dejarme incosciente y atarme que arriesgarse a tener que usar la violencia.
Echandole una segunda ojeada el loco no parece tan loco, sus ojos son de un verde vivo,  y sí, tenía su anaranjada barba bastante sucia y enmarañada, pero todo lo demás... Pudo formar parte de los efectos secundarios del dardo.
— Chaval, aún no me has dicho tu nombre — me dice mientras me tiende una cantimplora.
Estoy sediento, no habia caido en eso, doy varios tragos, con miedo de vaciarsela, Tanis se debió dar cuenta, pues me dijo que me la bebiera toda, cosa que hice agradecido.
— Puedes llamarme Ryuu... — Susurro mientras apuro los últimos tragos. — Ya me encuentro mejor,  podemos seguir. —
Tanis asiente y comienza a andar, lo sigo con muchas preguntas en la cabeza, pero la única que sale de mis labios es:
—¿ Donde vivís?
— En cabañas.
Siguió caminando, en cabañas... Es lógico, teniendo en cuenta que están rodeados de árboles.
De lejos veo brillar tenuemente algo, Tanis pone una mano en mi hombro. — Ya llegamos. — miro al punto brillante y luego miro atras, Tanis está cogiendo una rama...   No,es una antorcha que no tarda en encender.
—  Llevo diez años aquí,  malo será que no conozca este bosque — Debió ver la sorpresa en mi rostro al ver la antorcha, pero no se molestó en explicarme como la encendió y...  La idea de que llevase diez años en el bosque me dejó sin palabras.
Tanis balancea la antorcha encendida de un lado a otro.
—Esto... ¿Que haces?
Como toda respuesta, Tanis señaló al frente, desvíe la mirada hacia donde señalaba.
Varias llamas de antorcha se balanceaban, escuché un ruido de arrastre y el bosque se iluminó.
Una enorme valla se hacia a un lado, haciendo que la luz de muchas antorchas bañaran el bosque.
Y dentro,  un monton de personas se movian de un lado a otro, algunos astibando el bosque con curiosidad,  se podian ver algunas cabañas, algo rudimentarias construidas de manera desordenada.
Tanis se puso a mi lado.
  —Bienvenido.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Capítulo II: ¿Atrapado?

Llevaba media hora caminando, imaginaba que al ser una isla, si caminaba recto todo saldría del bosque, y ya solo me quedaría rodear la isla. Pero por mas que andaba no divisaba el fin de el bosque. Solo llevaba en una mochila algo de comida, una linterna,cuerdas, agua, una toalla y poco mas. Debían de ser las tres de la tarde, pero con los nervios no tenia nada de hambre. Seguía andando cuando me detuve de repente, había visto un cartel.

Cap 9.|| En la oscuridad

Simon, como cada noche desde que Kamina fue encerrado, se encontraba en un silencioso y nervioso camino hacia la celda de este con un poco de comida. Vernen había prohibido expresamente cualquier trato con el, prácticamente trataba de matarlo de hambre. Al llegar a la celda, susurró el nombre de su hermano para saber si estaba despierto. — Simon... no hace falta que vengas en la noche, solo te voy a causar más problemas...— El tono de Kamina denotaba preocupación por el joven, a la vez que tristeza. — Kamina... lo he decidido, voy a dejar el cuerpo de excavadores, no quiero trabaj...— Simon no pudo terminar la frase, pues  su hermano se levantó y golpeó los barrotes, haciendo un ruido que hizo temblar la pequeña celda.— Retira lo que has dicho...— El tono había cambiado, su voz emanaba cierto enfado— ¡Idiota!, has trabajado duramente para ello, ¿no llevas ni tres semanas en el cuerpo y ya lo quieres dejar? ¿¡Acaso no era tu pasión!? — Su hermano hablaba cada vez más alto y...