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Cap 9.|| En la oscuridad

Simon, como cada noche desde que Kamina fue encerrado, se encontraba en un silencioso y nervioso camino hacia la celda de este con un poco de comida. Vernen había prohibido expresamente cualquier trato con el, prácticamente trataba de matarlo de hambre. Al llegar a la celda, susurró el nombre de su hermano para saber si estaba despierto.

— Simon... no hace falta que vengas en la noche, solo te voy a causar más problemas...— El tono de Kamina denotaba preocupación por el joven, a la vez que tristeza.

— Kamina... lo he decidido, voy a dejar el cuerpo de excavadores, no quiero trabaj...— Simon no pudo terminar la frase, pues  su hermano se levantó y golpeó los barrotes, haciendo un ruido que hizo temblar la pequeña celda.— Retira lo que has dicho...— El tono había cambiado, su voz emanaba cierto enfado— ¡Idiota!, has trabajado duramente para ello, ¿no llevas ni tres semanas en el cuerpo y ya lo quieres dejar? ¿¡Acaso no era tu pasión!? — Su hermano hablaba cada vez más alto y Simon miró a su alrededor asustado. — Escúchame Simon... Si abandonas el cuerpo de excavadores... le estarás dando la razón a esa rata inmunda, ¿quieres eso Simon? ¿Vas a abandonar tu sueño porque yo estoy aquí? ¿Realmente soy tan mal hermano como para hacer que renuncies a tu sueño por que el jefe me haya encerrado?— La voz de Kamina se rompió,   lo que provocó un silencio que pronto fue interrumpido por un ligero sollozo, Simon intentó contener las lágrimas, pero acabaron brotando.

 Desde que Kamina estaba en prisión, el había vuelto a sentirse solo, más solo que nunca, pues ahora que sabía lo que era estar con alguien querido, la ausencia de este, su soledad, se hacía más pesada que nunca. Tanto que poco a poco lo había ido cegando, haciéndole sentir incluso, que su mayor pasión, que era excavar nuevos túneles y descubrir nuevas áreas, se tornara un trabajo aburrido y repetitivo.

Kamina al escuchar a Simon sacó el brazo de los barrotes y posó su mano sobre la cabeza del chico, sonriendo tristemente en la oscuridad. —Escucha, Simon, me hace feliz que vengas a visitarme cada noche, que me demuestres que realmente tenemos lazos de hermanos. Pero... Nunca dejes de ser tú mismo, aunque tengas que pasar el día solo, aunque yo ahora no pueda estar ahí, no dejes lo que más te gusta, ¿De acuerdo? Soy mayor que tú, y mucho más temerario, mi objetivo no es otro que demostrar que existe una superficie, y quizá muera en el intento... Por eso mismo, Simon prométeme una cosa... —
 El joven, que había palidecido al escuchar las palabras de Kamina, susurró intentando interrumpirle — Aniki, no digas que... —
 Nuevamente fue interrumpido, pero esta vez por Vernen, que había estado escuchando a escondidas desde que su recluso  golpeó los barrotes. 
— Ya has escuchado a este imbécil demasiado, y yo también— sentenció el viejo,Ambos muchachos dirigieron una mirada a la penumbra antes de que el anciano jefe encendiera una pequeña antorcha, mostrando de forma tétrica por la tenue luz, su rostro cansado,  llevaba una raída camiseta de tirantes manchada y unos pantalones  de dormir desgastados.

— Si este idiota quiere morir, que se muera. — Kamina guardó silencio mientras Vernen se acercaba a su celda, para sorpresa de el, este sacó de su pantalón un juego de llaves y abrió la puerta.
—Personalmente, me hubiera gustado dejarte aquí durante dos o tres semanas más, pero el rendimiento del chico ha bajado desde entonces.— En ese momento dirigió su cansada mirada hacia Simon, — Chico... no merece la pena deprimirse por gente como el, tu tienes talento, el solo te frena... pero si realmente necesitas tenerlo cerca para funcionar... —

Kamina salió de la celda y apoyó gentilmente su mano en el brazo del chico, ignorando al viejo que seguía hablando, Simon en cambio desvió la mirada avergonzado antes de replicarle. — Tu no conoces realmente a Aniki,  solo le tienes miedo porque no te atreves a salir de este agujero... — Vernen, suspiró y se dió la vuelta, dándoles la espalda — Mañana te quiero a pleno rendimiento en el cuerpo de excavadores.— Ordenó, antes de alejarse, haciendo que la luz se viera cada vez más pequeña.

Ambos hermanos pasearon silenciosamente en la oscuridad, hasta que tímidamente, Simon preguntó:
— ¿Aniki... que querías que te prometiera? 
Kamina se detuvo y sonrío mientras le revolvía ligeramente el pelo a Simon.
— Prométeme, que pase lo que pasé nunca dejarás de ser tu mismo, prométeme que incluso si yo ya no estoy aquí, siempre serás Simon, Simon el excavador.












— ¡Simon! ¡Estamos llegando a la capital!— La voz de la princesa, Nia, lo despertó sobresaltándolo. —¿Que te ocurre, Simon? — Este se secó las lagrimas que recorrían su mejilla y sonrío hacía la joven.— No te preocupes, todo está bien, solo estaba recordando...—

Simon cogió a la joven de la mano y fue con ella hasta el  exterior del Dai-Gunzan, que tanto dolor les había generado conquistar.   Mirando a lo lejos, atisbo a ver la capital, el hogar del rey espiral, su objetivo final. Sabía que la batalla sería dura, pero no estaba solo.
El viento meció suavemente su cabello mientras Simon se colocó en la frente sus gafas de excavador con una mirada decidida.

— Siempre cumpliré nuestra promesa, Aniki.

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