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Capítulo II: El Padre

Ohen corría hacia la casa de Merch, la curandera. Mientras, ponía sus pensamientos en orden. Su padre había perdido una pierna, algo prácticamente normal en una ciudad marinera como Teirm. Normalmente, los marineros volvían poco después al mar con una "pata de palo" o si lo que perdió fue el otro brazo, mas fuertes del otro.
Su padre era muy fuerte, no le cabía duda de que se recuraría pronto, el problema era que mientras el guardaba reposo, no podría llevar la comida a casa, Ohen temía tener que dejar el colegio para trabajar. Solo se tenían el uno al otro, púes su madre había muerto dándole a luz.




Cuando llego a la casa, se detuvo en el umbral de la puerta que, como siempre, estaba abierta. Ya podía escuchar a Merch obligando a su padre a acostarse en la camilla que siempre tenía en el salón para emergencias como esta. Ohen aspiro profundamente y entro en la cálida sala. Se dirigió directamente a su padre, que al verlo se le ilumino la cara, sus ojos grises cansados, se posaron  en su hijo y esbozo un amago de sonrisa.
Ohen vio el muñón donde antes estaba la pierna de rodilla para abajo de su padre y se esforzó para no romper a llorar, era lo último que quería hacer.
-Vaya, te has quitado una pierna- Ohen intento sonreír.-- Veo que te gusta ir a la última moda de Teirm.- -Rubán, que así se llamaba el padre soltó una carcajada. --¡Ese es mi hijo, sarcástico incluso en el lecho de su padre!-- Al chico se le ensombreció el rostro---no digas eso padre, te recuperaras pronto--.

En ese momento llegó Merch, una anciana con el pelo canoso y la cara surcada de arrugas. --No le hagas caso a tu padre, ya veras como en nada se recupera.-- Deberías acostarte a dormir y dejar a tu padre tranquilo, que descanse. ¡Recuerda que mañana es el gran día!-- ¡Ohen  abrió muchos los ojos, ellos llegarían mañana, el podía tocar el huevo, ver si se abría ante el!
 Cuando vio a su padre, el mundo se le derrumbo encima. Su padre tenía que estar presente para que lo dejaran pasar. --No tengo oportunidad de que me toque a mi, ni si quiera podre tocarlo.-- Su padre lo miro con tristeza--Hijo, se que ese es tu sueño desde que tienes uso de razón. También se que siempre quisiste ver a los dragones y ser jinete de uno de ellos. Ve, hazlo por mi.-- Poco después Rubán se quedo dormido, y su hijo le siguió, soñando que surcaba el cielo a lomos de un gran dragón.

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