Empezó a correr. No había tiempo. Ella estaba en peligro. Y Arkady la estaba siguiendo por el edificio, para asesinarla.
Arkady Tessetact era un hombre gigantesco, con unos músculos tremendos embutido en un abrigo negro y polvoriento, con una máscara de metal que le cubría el rostro deforme. Aparte de eso, había que admitir que era silencioso. E inteligente: había conseguido acercarse a ella sin disparar las alarmas del edificio.
"Probablemente las desactivó cuando estaba de camino", pensó. Corrió hacía la ventana más cercana y se lanzó, mientras los cristales y el aire helado de la noche se le clavaba en cada trozo de piel sin cubrir.
Arkady se tomaba su tiempo. Como los buenos asesinos.
Sabía quien era, por supuesto. Los asesinos de ese tamaño suelen resultar muy llamativos, y solo había uno que llevara aquella mascara de metal. El ruso Arkady Tesseract.
Los cristales la rodeaban mientas caía. Se golpeó contra el suelo y rodó antes de buscar en la chaqueta el dispositivo de la bomba plantada en el edificio, para su seguridad. Le quitó el seguro con el pulgar y presionó el botón sin ni siquiera sacarlo del bolsillo. Tesseract estaba ahí arriba, mirándola desde la ventana rota, y solo tenía una oportunidad.
Pero no se produjo ninguna explosión; levantó la vista y le vió tirarse por la ventana. Arkady había desactivado los explosivos. Por supuesto que lo había echo. Davinia Marr ni siquiera se molestó en maldecirlo. Simplemente corrió.
Davinia Marr. Unos de los que conspiraban para derrocar al gobierno provisional Ruso. Después de la caída del Comunismo, ella había propiciado varios atentados en contra del nuevo sistema ruso, y ya teníamos un gobierno bastante jodido con otros problemas más revolucionarios.
Durante ese periodo, Davinia Marr intentó en 3 ocasiones diferentes volar el Congreso de Moscú. Ahora estaba buscada y había recompensa, pero sus jefes del Partido Comunista de la Federación Rusa habían decidido que podría hablar de quien la contrató si la capturaban. Así que decidieron mandar a Arkady Tesseract a por ella, un asesino profesional.
Ella intentó recordar la especialidad de Tesseract. Era algo parecido a un ninja, pero aparte de eso, sus habilidades, armas o métodos le resultaban un misterio. Confiaba en que no tuviera la habilidad de ver en la oscuridad, aquello encajaría perfectamente con la suerte de Davinia. Lo único que quería era volver a casa y olvidarlo todo, por Dios. Davinia era de Rusia, nacida y criada allí, y ahí quería morir. No aquí, en la húmeda y fangosa Irlanda, donde se escondía de sus delitos.
Corrió hasta su coche, pero si era tan meticuloso como se creía, ya le habría saboteado el motor, así que giró a la izquierda, intentando alcanzar una pequeña verja al este. Escuchó unos pasos rápidos a su espalda y decidió intentar perderlo en el laberinto de los contenedores de la obra abandonada. Era una noche sin luna y estaba demasiado oscuro como para distinguir nada. Hubo un ruido fuerte y vio su coche explotar a lo lejos.
Marr volvió sobre sus pasos, deseando haber tenido tiempo suficiente para coger el arma de la mesa antes de saltar por la ventana. "Porque el Karate está muy bien", pensaba a menudo, "Pero llevar una pistola cargada en la mano da una tranquilidad que no se puede comparar con nada".
Justo en ese momento, tropezó con una red que había en el suelo. No sabía si era estratégica o estaba allí por casualidad.
Marr se incorporó. La humedad fría se filtraba a través de la ropa. Examinó lo que tenía delante, al norte. Allí había una verja que delimitaba con una zona en obras.
Avanzó un poco, se acuclilló y pasó al otro lado por una rendija. Había un par de toneles apilados y se apresuró a llegar allí. Todavía no había ni rastro de Tesseract. Huyó agachada hasta una excavadora y luego corrió como loca hasta la alambrada.
Miró hacia atrás, asegurándose de que Tesseract no estaba cerca. Escrutó los alrededores con cuidado, de forma metódica, girando la cabeza despacio, pendiente del más mínimo movimiento. Le llevó un segundo entero darse cuenta de que lo tenía justo enfrente y corría directamente hacia ella. No pudo evitarlo: Soltó un grito de espanto y se tambaleó hacia atrás, tropezando con sus propios pies.
Entre resbalones, arrastrándose por el suelo húmedo, Marr gateó hasta la verja. Pegó un salto y se agarró. Empezó a escalar usando toda la fuerza y rapidez de sus manos. La piel le ardía. Miró hacia abajo. Tesseract trepaba hacia ella.
Dios, y era rápido.
Había empezado a llover y las gotas caían sobre su cara. Tesseract estrechaba espacio que había entre los dos a una velocidad alarmante. Sus largos brazos abarcaban más distancia que los de ella, y sus grandes músculos soportaban sin cansarse. Los de Marr, en cambio, se quejaban por el esfuerzo y, ya cerca de la cima, parecía aullar de dolor. Ni caso; mejor sacrificar a ellos que a sí misma.
Debajo de ella, Tesseract se había quedado estancado. Parecía que se le había enganchado el abrigo a la valla. Marr no podía permitirse el lujo de felicitarse por ello, pero se prometió a sí misma reírse del asunto en cuanto hubiera acabado todo.
Se encaramó hasta la parte de arriba y, mientras se disponía a utilizar las rodillas para frenar la caída, echó un vistazo en dirección a Tesseract. Entonces se percató de que no había quedado enganchado, sino que había estado cortando los engastes con un cuchillo.
Davinia logró pasar hacia el otro lado de la valla, pero, según caía, Tesseract alargó la mano, atravesó el hueco entre los metales cortados y agarro del brazo a la revolucionaria. Ella sintió cómo su cuerpo se retorcía con la tremenda sacudida y chilló de dolor. Él la sostuvo durante un momento en el aire y luego la soltó. Cayó de cabeza. Se golpeó el hombro y después el cráneo contra el cemento. Y ahí se quedó, esperando a que Tesseract saltara para terminar el trabajo.
Tesseract bajó lentamente. Sabía que el golpe había sido duro, y que no tendría fuerzas para contraatacar o huir. Así que hizo algo de lo que se arrepentiría muchas veces en su vida: Bajar la guardia.
Si Arkady Tesseract hubiera estado atento, probablemente se habría dado cuenta de los dos chicos que se escondían en los tubos justo detrás de él, y podría haberlos matado.
Si hubiera prestado un mínimo de atención, hubiera escuchado la granada cegadora botando en el suelo hacía su dirección, y podría haberse cubierto.
Pero no lo hizo. La granada estalló, y los chicos corrieron hacía él. Confuso, golpeó inutilmente al aire. Le noquearon de una patada a la cabeza y se llevaron a la chica en una furgoneta.
Pero lo que ninguno de los tres jovenes sabía el error que habían cometido dejándolo con vida, ni tampoco sabían cual era la furia de Arkady Tesseract cuando un contrato se volvía en algo personal.
Y lo pagarían caro.
Arkady Tessetact era un hombre gigantesco, con unos músculos tremendos embutido en un abrigo negro y polvoriento, con una máscara de metal que le cubría el rostro deforme. Aparte de eso, había que admitir que era silencioso. E inteligente: había conseguido acercarse a ella sin disparar las alarmas del edificio.
"Probablemente las desactivó cuando estaba de camino", pensó. Corrió hacía la ventana más cercana y se lanzó, mientras los cristales y el aire helado de la noche se le clavaba en cada trozo de piel sin cubrir.
Arkady se tomaba su tiempo. Como los buenos asesinos.
Sabía quien era, por supuesto. Los asesinos de ese tamaño suelen resultar muy llamativos, y solo había uno que llevara aquella mascara de metal. El ruso Arkady Tesseract.
Los cristales la rodeaban mientas caía. Se golpeó contra el suelo y rodó antes de buscar en la chaqueta el dispositivo de la bomba plantada en el edificio, para su seguridad. Le quitó el seguro con el pulgar y presionó el botón sin ni siquiera sacarlo del bolsillo. Tesseract estaba ahí arriba, mirándola desde la ventana rota, y solo tenía una oportunidad.
Pero no se produjo ninguna explosión; levantó la vista y le vió tirarse por la ventana. Arkady había desactivado los explosivos. Por supuesto que lo había echo. Davinia Marr ni siquiera se molestó en maldecirlo. Simplemente corrió.
Davinia Marr. Unos de los que conspiraban para derrocar al gobierno provisional Ruso. Después de la caída del Comunismo, ella había propiciado varios atentados en contra del nuevo sistema ruso, y ya teníamos un gobierno bastante jodido con otros problemas más revolucionarios.
Durante ese periodo, Davinia Marr intentó en 3 ocasiones diferentes volar el Congreso de Moscú. Ahora estaba buscada y había recompensa, pero sus jefes del Partido Comunista de la Federación Rusa habían decidido que podría hablar de quien la contrató si la capturaban. Así que decidieron mandar a Arkady Tesseract a por ella, un asesino profesional.
Ella intentó recordar la especialidad de Tesseract. Era algo parecido a un ninja, pero aparte de eso, sus habilidades, armas o métodos le resultaban un misterio. Confiaba en que no tuviera la habilidad de ver en la oscuridad, aquello encajaría perfectamente con la suerte de Davinia. Lo único que quería era volver a casa y olvidarlo todo, por Dios. Davinia era de Rusia, nacida y criada allí, y ahí quería morir. No aquí, en la húmeda y fangosa Irlanda, donde se escondía de sus delitos.
Corrió hasta su coche, pero si era tan meticuloso como se creía, ya le habría saboteado el motor, así que giró a la izquierda, intentando alcanzar una pequeña verja al este. Escuchó unos pasos rápidos a su espalda y decidió intentar perderlo en el laberinto de los contenedores de la obra abandonada. Era una noche sin luna y estaba demasiado oscuro como para distinguir nada. Hubo un ruido fuerte y vio su coche explotar a lo lejos.
Marr volvió sobre sus pasos, deseando haber tenido tiempo suficiente para coger el arma de la mesa antes de saltar por la ventana. "Porque el Karate está muy bien", pensaba a menudo, "Pero llevar una pistola cargada en la mano da una tranquilidad que no se puede comparar con nada".
Justo en ese momento, tropezó con una red que había en el suelo. No sabía si era estratégica o estaba allí por casualidad.
Marr se incorporó. La humedad fría se filtraba a través de la ropa. Examinó lo que tenía delante, al norte. Allí había una verja que delimitaba con una zona en obras.
Avanzó un poco, se acuclilló y pasó al otro lado por una rendija. Había un par de toneles apilados y se apresuró a llegar allí. Todavía no había ni rastro de Tesseract. Huyó agachada hasta una excavadora y luego corrió como loca hasta la alambrada.
Miró hacia atrás, asegurándose de que Tesseract no estaba cerca. Escrutó los alrededores con cuidado, de forma metódica, girando la cabeza despacio, pendiente del más mínimo movimiento. Le llevó un segundo entero darse cuenta de que lo tenía justo enfrente y corría directamente hacia ella. No pudo evitarlo: Soltó un grito de espanto y se tambaleó hacia atrás, tropezando con sus propios pies.
Entre resbalones, arrastrándose por el suelo húmedo, Marr gateó hasta la verja. Pegó un salto y se agarró. Empezó a escalar usando toda la fuerza y rapidez de sus manos. La piel le ardía. Miró hacia abajo. Tesseract trepaba hacia ella.
Dios, y era rápido.
Había empezado a llover y las gotas caían sobre su cara. Tesseract estrechaba espacio que había entre los dos a una velocidad alarmante. Sus largos brazos abarcaban más distancia que los de ella, y sus grandes músculos soportaban sin cansarse. Los de Marr, en cambio, se quejaban por el esfuerzo y, ya cerca de la cima, parecía aullar de dolor. Ni caso; mejor sacrificar a ellos que a sí misma.
Debajo de ella, Tesseract se había quedado estancado. Parecía que se le había enganchado el abrigo a la valla. Marr no podía permitirse el lujo de felicitarse por ello, pero se prometió a sí misma reírse del asunto en cuanto hubiera acabado todo.
Se encaramó hasta la parte de arriba y, mientras se disponía a utilizar las rodillas para frenar la caída, echó un vistazo en dirección a Tesseract. Entonces se percató de que no había quedado enganchado, sino que había estado cortando los engastes con un cuchillo.
Davinia logró pasar hacia el otro lado de la valla, pero, según caía, Tesseract alargó la mano, atravesó el hueco entre los metales cortados y agarro del brazo a la revolucionaria. Ella sintió cómo su cuerpo se retorcía con la tremenda sacudida y chilló de dolor. Él la sostuvo durante un momento en el aire y luego la soltó. Cayó de cabeza. Se golpeó el hombro y después el cráneo contra el cemento. Y ahí se quedó, esperando a que Tesseract saltara para terminar el trabajo.
Tesseract bajó lentamente. Sabía que el golpe había sido duro, y que no tendría fuerzas para contraatacar o huir. Así que hizo algo de lo que se arrepentiría muchas veces en su vida: Bajar la guardia.
Si Arkady Tesseract hubiera estado atento, probablemente se habría dado cuenta de los dos chicos que se escondían en los tubos justo detrás de él, y podría haberlos matado.
Si hubiera prestado un mínimo de atención, hubiera escuchado la granada cegadora botando en el suelo hacía su dirección, y podría haberse cubierto.
Pero no lo hizo. La granada estalló, y los chicos corrieron hacía él. Confuso, golpeó inutilmente al aire. Le noquearon de una patada a la cabeza y se llevaron a la chica en una furgoneta.
Pero lo que ninguno de los tres jovenes sabía el error que habían cometido dejándolo con vida, ni tampoco sabían cual era la furia de Arkady Tesseract cuando un contrato se volvía en algo personal.
Y lo pagarían caro.
Solo puedo describir esto con una palabra.
ResponderEliminarCancer, yo era ferviente admirador
de este blog pero si vais a continuar
con estas "historias" nauseabundas
que parecen escritas con alguien
sin inteligenica espacial me bajo del barco
Este nuevo "escritor" me parece la peor idea
concebida desde Hitler.
Vaya, me parece que está afectando mucho a la opinión que tienes de este blog el hecho de que haya una historia que no te guste. Y también me parece que estás insultando directamente a la historia de nuestro colaborador, llamándola de todo, cuando tu intención es comunicar que no te gustó.
EliminarSinceramente, me parece que no es una conducta muy madura "amenazar" con dejar de leer el blog por una historia que no te gustó (y de la que hablas como si fuera pésima, y para justificar eso deberías de dar algún argumento), así que espero que reflexiones sobre si de verdad merece la pena eso.
De todos modos, creo que todo el staff del blog tendrá en cuenta tu opinion.
Atentamente, Alfonso