Me
guió hasta la entrada de un enorme salón. Pequeña e insignificante
ante toda aquella inmensidad y cantidad de cosas, me encontraba aún
así asombrada.
De
la alta pared empapelada colgaban animales disecados mirándome con
su última expresión de vida. Casi no había luz, lo agradecí.
Notar todos esos ojos acechando no hacía que estuviera cómoda.
Él
se dirigía hacia el antiguo sofá, colocado al lado de una chimenea
tallada en piedra. Ralenticé el paso para fijarme mejor en los
detalles.
Las
largas y opacas cortinas de terciopelo hacían que los rayos del
perfecto sol de verano no pudieran invadir la habitación.
Veía
sombras, pero al acostumbrarme distinguí todo con más claridad.
Una
alfombra antigua cubría todo el parqué de aquella dependencia con
dimensiones sorprendentes. Las paredes llamaban la atención. A parte
de los horribles trofeos de caza colgaban cuadros y retratos de
hombres y mujeres que habrían vivido hace más de un siglo. Retablos
y medallas de plata se encontraban agrupados en las vidrieras
empotradas. Relojes de pared, muebles de madera oscura, frascos de
cristal, viejas botellas de vino...
-¿Alice?
Me
giré bruscamente y volví a la realidad.
-Sí,
lo siento, es que esto es tan... Bonito...
No
sé cómo pude soltarle tal estupidez, mi cara de extrañeza delataba
mis verdaderas opiniones.
-¿Bonito dices?
-Claro, me encanta.
Dibujé
a pulso una sonrisa.
-Pues
eres la única... Vivo aquí desde hace un año y sigue sin gustarme
del todo. Sé que es demasiado antiguo, viejo, horrible...
-No
te creas, a mí por lo menos me gustan las antigüedades.
Eso
es cierto, las cosas antiguas me hacen volver al pasado, recorrer el
tiempo durante el que no viví y conocer otras épocas diferentes a
la actual absurda sociedad. Pero no siento amor profundo hacia animales disecados.
-Supongo que a mí también, por
eso dejo todo como estaba antes.
-Perdón por entrometerme pero,
¿vives aquí tú solo?
La
pregunta me había estado rondando la cabeza desde un primer momento.
Me parecía una cosa fuera de lo común que alguien como él viviera
solo en medio de la nada.
-Bueno... Puede decirse que sí.
Y estaré encantado de contarte mi vida y mis experiencias si vienes
aquí y te sientas conmigo en vez de estar socializando con los
bichitos muertos de las paredes.
Al
terminar su frase con tono peculiar esbozó una enorme sonrisa que
mostraba sus verdaderas intenciones. Aún así, volví a quedarme
callada. Puse cara de extrañada y él echó una mirada al cielo y
finalmente soltó una risa que me decía: 'Oye, te lo tomas todo
demasiado en serio'. Me relajé de nuevo e hice una anotación
mental: Leik tiene predilección por el uso del sarcasmo y la ironía.
Una
vez hecho mi esquema para futuros acontecimientos me obligué a
relajarme y caminé hasta el sofá para sentarme a su lado, justo
cuando un fuerte ruido en la puerta de la entrada hizo que el corazón
me diera un vuelco.
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