Ir al contenido principal

Prólogo: Rey sobre las Cenizas

Ilusos aquellos que crean poder cruzar las lindes de la oscuridad.

Ilusos aquellos que crean que sus espadas oxidadas podrán derrotar al Mal.

Ilusos aquellos que creen en sus falsos Dioses, porque sólo existen los demonios.

Ilusos aquellos que se escondan, porque siempre los encontrarán.

No podéis escapar. No hay lugar para huír.

Ahora... entregaos a las tinieblas del Invierno.




Prólogo: Rey sobre las Cenizas:


Mylia era una niña obediente, pero estaba aburrida.

Cuando el alba anunció el día, su padre y madre habían salido a cazar, y se había quedado a cargo de su hermana mayor. Sabía que era para alimentar el pueblo, pero, ¿no podía ir con ellos alguna vez? Ya no se le resbalaba el arco de entre las manos y podía acercarse más al blanco, ¡eso debía contar con algo!

Pero la vida de la niña de diez años era aburrida. Seguramente estaba en la edad de querer cruzar las cordilleras verdosas que limitaban su libertad. No es que no fuese feliz en su aldea en el valle, qué va; siempre jugaba a perseguir a los cerdos con sus amigos Pyp y Nyrel, o escalaba los árboles retorcidos del Bosque Vermelho. O al escondite con los otros niños, colándose por la ventana de las bajas casas de piedra. O intentando capturar a Gruñón, el gato eternamente famélico y libre que campaba a sus anchas en el pueblo.

Pero sin embargo, sentía que faltaba algo. Emoción. Aventura. Vivir una historia como la que protagonizan los héroes de las leyendas, o simplemente, ver más allá de su pueblo. Sentia un nudo en el pecho cada vez que miraba el anillo de montañas a su alrededor, como implacables y gruesos muros a su libertad.

-Mylia, ¿vas a salir? - preguntó su hermana Lys. Mylia sintió una punzada de envidia al ver aquellos ojos negros y misteriosos, mientras que ella sólo tenía unos del color de las hojas en otoño. También se sintió avergonzada al ver a su hermana con su aspecto siempre pulcro mientras que ella era un amasijo de roña, heridas, raspaduras y pecas.

-Voy a jugar con Pyp y Nyrel - anunció, saliendo por la puerta

-¡Vuelve a la hora de cenar!

-Sí, pesada.

Con buen ritmo, salió de su casa de apenas tres habitaciones. Recorrió las calles con sus pies descalzos y saludó a sus vecinos que tenían un pequeño establo. Concretamente, a Laeys, otro chico colado por su hermana.

Después de recorrer un par de casas más vio a Pyp y a Nyrel persiguiendo una gallina fugitiva. Los reconoció al instante; eran gemelos, con la misma cara redonda y nariz respingona. Sin embargo, Pyp tenía una cicatriz que le cruzaba la ceja que le hizo Gruñón, marca que siempre le distinguirá de su hermano.

-¡Gallinaaaa! ¡Vuelvee! - lloriqueaba.

-¿Pero qué hacéis? - preguntó Mylia, un poco escéptica ante su comportamiento.

-¡Ayúdanos a capturar a Pío! - pidió Nyrel.

-¡Se escapó del corral! - secundó Pyp.

-Tch. Inúuutiles - se burló Mylia.

-¿Puedes dejar tus burlitas de chica ultra orgullosa y súper heroica y ayudarnos? - preguntó Nyrel, irritado - ¡Argh!

Pío pasó entre sus piernas sin dificultad. Pareciera que se estaba riendo de ellos. Claro, y seguro que tendrá el plan de robarles los víveres e irse a la capital para ser una estrella.

-¡Paraaa! - gritó Mylia, saltando encima de Pío. La gallina ni se inmutó. Aleteó hacia un lado y siguió recorriendo toda la calle.

Los tres niños se pasaron toda la tarde persiguiendo a la gallina con aires de estrella del teatro. "La vida desde una cárcel de corral", se llamaría la obra. La primera gallina dramaturga, señores.

Todo esto lo divagaba Jyn, un anciano cuentacuentos que había visto como perseguían a la gallina en vano. Había recorrido toda Privera contando cuentos, pero su hogar estaba ahi, en el valle oculto entre las montañas verdes.

A Mylia no le gustaba Jyn. Estaba encorvado, arrugado, y era un excéntrico que contaba historias imposible. "Vestidos de oro, ligeros como las nubes", ¡vaya tontería! ¿qué clase de tela, más que el algodón, la piel y el lino, eran capaces de ser ligeros como las nubes? Era obvio que era inventado, pero él juraba y perjuraba que las había visto.

Llegó la noche, y las estrellas danzaban alrededor de la redonda luna. Los padres de Mylia y Lys llegaron al anochecer, y ya se estaba poniendo toda la aldea alrededor del fuego. La pieza de aquel día eran tres jabalíes que habían cazado, el lujo del mes. La carne de jabalí era la preferida de Mylia.

Cuando todo el pueblo se reunía frente al fuego en círculo, solían contarse historias hasta tarde. Pero el viejo Jyn había sacado su más viejo aún laúd, y se había puesto a tocar una alegre canción del folclore de la región. Los jóvenes no tardaron en agruparse en parejas y bailar su popular danza. Pequeños saltos, rítmicos, y los chicos y las chicas giraban en torno a ellos, mirándose y riendo. Había algunos afortunados de la carpintería que habían conseguido llevarse dos tablas pequeñas de madera atadas, del tamaño de una mano, que al moverla hacía un sonido. "Clac, clac, clac". Todo se había vuelto una alegre fiesta en honor a que Jyn había vuelto con más historias.

-Mylia - llamó Nyrel, a su lado.

-¿Mpfhfj? - farfulló ella, saboreando la carne.

-¿Puedes dejar de comer un segundo, por favor? - pidió, sintiendo como sus mejillas se coloreaban.

-Depende. ¿Qué fieres? - dijo, con la boca llena.

-¿Ba...bailas conmigo? - su voz tembló, y miraba a sus pies.

Mylia se quedó estupefacta. ¿Por qué se ponía así, si sólo iban a bailar?

-Claro.

-¿E-en serio? - sus ojillos pardos relucieron. Se levantó de su banco de un salto - ¿Vamos? Y procura no tropezarte conmigo, Pies de Oso.

-Mira quién fue hablar, Cabeza de Mosca - lo insultó de vuelta, pero con confianza - Espera, voy a por mis castañuelas.

-Vale. Te... espero aquí - dijo con más seguridad.

Dejó su jabalí y fue corriendo a su casa. Las castañuelas solía guardarlas en su arcón, ya que era su más preciado tesoro. Vio a sus padres bailando, aunque su padre era torpísimo. Buscó con la mirada a Lys, pero tampoco la encontró. Era raro verla en una de estas noches donde todo era fiesta y que no hubiese una legión de chicos dispuestos a cortejarla.

Y volvió a sentir una punzada de envidia. Lys siempre era la guapa. Sus pecas no cubrían sus brazos y rostro, si no que eran como gotas de moreno en su piel. Su pelo negro era como el de su madre, siempre liso, mientras que el de Mylia estaba rizado y revuelto. Se preguntaba por qué alguien querría cortejarla.

"Nyrel te invitó a bailar", pensó. "Nyrel es tu amigo, tonta. Seguro que te hace alguna trastada. Él no cuenta".

Un poco desanimada, siguió caminando. Entonces, sintió una sombra inquieta a su espalda, y se giró. No había nada. Con el ceño fruncido, decidió seguir hasta su casa, pero unos sonidos en el pajar de los vecinos la alertó.

Decidió ir a echar un vistazo. Tenían, pegado a la casa, un pequeño vallado con dos caballos, que ahora estaban en el establo. Pero en el pequeño pajar oyó ruidos, y sintió un nudo en la garganta. ¿Y si eran gente extranjera malvada...?

-Oye, ¿estás segura de esto...?

-Calla Laerys - replicó una voz femenina y familiar - Y sigue, sigue.

-¿Mejor así...? - roncó a su oído.

-Sigue, mierda, sigue.

Mylia tardó un poco en comprender lo que eran aquellos suspiros sospechosos. Cuando asomó un ojo para ver el pajar, pudo distinguir el pelo de su hermana enredado en el cuerpo de otro chico. Las manos del barón se ocultaba bajo su falda, revolviéndola. Al escuchar a su hermana reprimir uno gemidos contra la nuca del chico y agarrándole la camisa con fuerza, se sonrojó  se marchó inmediatamente de allí.

Tenía el rostro arrebolado y decidió ir a la hoguera cuanto antes. ¿Debería contárselo a sus padres? Al fin y al cabo, era bastante inderecoso liarse con alguien de estar casados. Seguramente la castigarían. A su hermana perfecta. Se mordió el labio.

Mylia descubrió con sorpresa que la música había cesado y que sólo se escuchaba la voz rugosa de Jyn. Nyrel la regañó con la mirada y ella se encogió de hombros, disculpándose. Se sentó a su lado, y Pyp no tardó en hacer lo mismo.

-...entonces, el demonio se metió por la boca en el cuerpo del Rey y decidió controlarlo...

-Vaya trola - bufó Mylia - Los demonios no existen.

-¿Qué acabas de decir, niña? - Jyn interrumpió su relato. Mylia se encogió en su sitio.

-No existen. Sólo son para dar miedo a los niños y que sean buenos.

Jyn se levantó y se acercó a ella, hasta quedar cara a cara. El rostro arrugado y cuberto de manchas delataban su avanzada vejez y sabiduría. Sin embargo, sus ojos opacados brillaban de jovialidad y excentricismo.

-¿No existen? Niña, no tienes ni idea - le dijo - Noto que guardas un sentimiento impuro en tu interior. Un sentimiento propio de toda niña de tu edad. ¿Celos, de alguna más guapa que tú?

Mylia enrojeció hasta las orejas.

-Claro que no - protestó - es ridículo.

-Ridículo o no - prosiguió Jyn - estos sentimientos deben ser controlados, o atraeran a criaturas malignas. Demonios, encerrados en el centro de Privera, que anhelan el Invierno para salir.

-¿Invierno? Eso es otra leyenda - bufó.

-No es una leyenda. Yo viví el Primer Invierno.

-No me lo creo.

-No me contra digas, niña. No sabes la pesadilla blanca que vivimos aquellos que sobrevivimos. Los demonios desfilaban por el continente como si siempre hubiese sido suyo - sus ojos relucieron de locura - ¡Filas y filas de almas perdidas, buscando otra a la que sumar! ¡Ángeles de alas de hueso, que maldecían tu hogar con sangre! ¡Seres malévolos que te ahogaban mientras duermes! ¡Mujeres de lengua de serpiente, que mataban a tu hijo en el vientre! - miró a Mylia directamente a los ojos, y se estremeció - No provoques a la oscuridad, niña. No provoques al Invierno. Porque, si vuelve, ningún Dios podrá salvarnos.

Aquello había bastado para cerrar su apetito y dejarla sin sueño. Y con esa promesa de mal agüero, la fiesta cesó y cada uno fue a su casa.

Ella nunca había visto una alfombra blanca y fría. Tampoco había visto gotas de agua blanca caer del cielo. ¿En serio creía que iba a creerse eso de que una cuarta estación existía? Siempre hubo tres. El año comenzaba en Primavera y acababa en Otoño.

Siempre fue así, y siempre lo será. Intentó conciliar el sueño, pese a que la respiración pesada de su hermana no la dejaba. Bufó y, tras muchas vueltas, logró conciliar el sueño.

O no.

Se despertó súbitamente. La sensación de ahogo la inundó y trató de gritar o llevarse las manos al cuello, pero no podía. Estaba inmóvil.

En la oscuridad, se horrorizó al ver que un ser informe estaba encima de ella. La cara afilada y arrugada, ojos blancos en una mueca macabra, sentado encima de ella. Sentía que su pecho se hundía y sus costillas se partían. El dolor la inundaba, pero no podía gritar.

Sigue, sigue...

Trató de girar la cabeza, buscando el rostro de su hermana, pero no podía. Quería llorar. Quería gritar. Quería huír. Quería vivir.

Dame más, niña, de esos preciosos celos

Por el rabillo del ojo, vio que algo asomaba de las mantas de su hermana. Era algo informe, oscuro y viscoso, que caía lentamente por el lado del colchón. Oía al ser reírse, hablar con una voz fina y aguda, burlándose de ella.

-¿Por qué...? - oyó decir a su hermana - ¿Por qué... me haces esto... Mylia?

"No, Lys, ¡NO!", quiso gritar. Pero su cuerpo no respondía. Estaba inerte, como un cadáver, y obligada a ver como de entre la masa viscosa y negra aparecía el cadáver medio podrido de su hermana. Su piel estaba hecha jirones y podía oler el olor de la descomposición. 

Y el ser, seguía hundiéndose en su pecho. Sin piedad.

¿Esto no es lo que querías? Qué ella no tuviese todo eso...

"Te equivocas, ¡TE EQUIVOCAS" ¡LYS! ¡MAMÁ! ¡PAPÁ!"

-¿Mylia... por qué...? - la voz de ultratumba de su hermana seguía sollozando su nombre. Su cadáver se arrastró por el suelo y la miró, y Mylia estaría llorando. Porque ella no tenía ojos, si no cuencas vacías y oscuras de las que lloraba sangre.

Eso es. Llámalos, intenta salvarte. Pero no puedes...

El ser extraño rió entre dientes y se hundió más en Mylia, haciendo que sintiese su corazón a punto de reventar. El ser se llevó un largo y cadavérico dedo a los labios, mientras que la otra mano la alargaba hasta su boca y la tapaba.

"Lo siento. Lo siento. No sentiré más celos. Te quiero como eres, Lys. Mamá, Papá. Pyp, Nyrel. Ayuda. Ayuda".

Justo cuando vio en la periferia como el cadáver se abalanzaba sobre ella, un grito profirió la estancia.

Era su voz. El grito sonó en todo el pueblo, despertando a todos. Un grito inhumano, sobrenatural, que vibraba en tus huesos. 

-¡Mylia! - chilló Lys, reconociéndola.

-¡Mylia, Mylia! - entraron sus padres en la habitación corriendo.

Fueron rápidamente a la cama de la pequeña, pero sin embargo, ya era demasiado tarde. Myria tenía los ojos negros, completamente negros, en una expresión de horror. Por su boca manaba un hilo de sangre, y ya estaba fría.

Su corazón había reventado.

Ya no jugaría más con Pyp y Nyrel, o sonreiría, o haría mohínes. Ya no se convertiría en la muchacha alegre e independiente que Lys tanto ansiaba. Ya no volvería a responder cuando alguien tratase de decidir por ella, ya no jugaría más a las espadas con los niños. Ya no volverían a quedarse hablando hasta tarde, riéndose y cuchicheando. 

La madre había entrado en pánico, y abrazaba de manera protectora el cadáver de su hija, mientras gritaba su nombre. El padre estaba blanco, en estado de shock. Lys había salido corriendo de la casa gritando y llamando al druída, queriendo obtener explicaciones. Mientras, Jyn lo contempló todo, como una sombra más de la oscuridad.

"Te lo dije, niña", pensó "los demonios quieren tus celos, y ahora vienen a por más".

Miró al cielo, de nubes grises y enjuntas.

"¿Acaso vuelve el Invierno? ¿Pero cómo, si el sacrificio fue hecho...?".

Y con todas esas incógnitas, Jyn decidió marcharse del pueblo.

------------------------------------------------------------------

Comentarios

  1. Me a gustado mucho el prologo!!! haber si continuas escribiendo la historia para q la podamos leer todos porq la verdad esq engancha!!! aunq da un poco de penita... jajaja

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias por pasarte a leer y dejar un comentario! :'D hombre, habrá más muertes y este prologo fue un poco como "mejor no le tomes cariño a nadie" è.e

      Y me siento halagada, aunque la verdad es que esta es la primera historia de este género que escribo, así que estoy un poco nerviosa >.<

      Eliminar
  2. Jajaja vale y tomo la palabra y no le cohete cariño a nadie!! Pero sigue escribiendo para q podamos seguir leyendo!!,

    ResponderEliminar
  3. La historia de verdad promete. Me han gustado muchas cosas en el prologo. Además se te da bien este genero literario, sigue así ��

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Espero estar a la altura de las expectativas :D

      ¡Muchas gracias por leer este pequeño prólogo!

      Eliminar
  4. Me encanta, si esto solo es el prólogo entonces ya no se que esperar porque me ha encantado. Sigue escribiendo. Le has sabido añadir fragmentos de distintos temas y juntarlos de buena manera :D

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Y espero poder introducir más partes que tengo pensadas y que encajen bien, ojala te guste el resultado :3

      ¡Muchas por pasarte a leer y dejar un comentario!

      Eliminar
  5. Me ha gustado mucho! Me ha parecido un prólogo con una intriga muy interesante, de los que quieres saber cuanto antes que sucede después. Y muy bien escrito para mi gusto. Te animo a seguir así, y espero el capítulo 1 :D

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Espero seguir dejando esa intriga en cada capítulo que haga :D

      ¡Muchas gracias por tomarte la molestia de leer y dejar un comentario!

      Eliminar
  6. Es una pasada! Con un toque de juego de tronos y además una manera de escribir que engancha! Síguela porque está genial!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Si, la verdad es que me encanta la prosa de martin y no puedo evitar que me influencie xDD

      ¡Gracias por comentar!

      Eliminar

Publicar un comentario

Pincha en Anónimo y... ¡Listo! (si no tienes cuenta)
Tu comentario nos será de gran ayuda.

Muchas gracias por vuestro tiempo.

Entradas populares de este blog

Capítulo II: ¿Atrapado?

Llevaba media hora caminando, imaginaba que al ser una isla, si caminaba recto todo saldría del bosque, y ya solo me quedaría rodear la isla. Pero por mas que andaba no divisaba el fin de el bosque. Solo llevaba en una mochila algo de comida, una linterna,cuerdas, agua, una toalla y poco mas. Debían de ser las tres de la tarde, pero con los nervios no tenia nada de hambre. Seguía andando cuando me detuve de repente, había visto un cartel.

Cap. IV Bienvenido.

¿Cómo Tanis hay más? ¿Cuántos se pudieron haber perdido en una isla tan pequeña? Seguía un poco mareado por el somnifero que me disparó Tanis, le había preguntado poco después de que me ayudara a levantar con qué y por qué me disparó. Un dardo cuya punta estaba empapada en un hongo con propiedades somniferas. "Un pinchazo y dormirás horas, ¡cinco y dormirás para siempre!" Había reido Tanis mientras me enseñaba la punta de otro de sus dardos, otra razón para llamarlo loco. La razón, muy sencilla, almenos para Tanis, por lo visto algunos de los extraviados se ponían bastante agresivos al conocer la verdad, así que era mejor dejarme incosciente y atarme que arriesgarse a tener que usar la violencia. Echandole una segunda ojeada el loco no parece tan loco, sus ojos son de un verde vivo,  y sí, tenía su anaranjada barba bastante sucia y enmarañada, pero todo lo demás... Pudo formar parte de los efectos secundarios del dardo. — Chaval, aún no me has dicho tu nombre — me dice...

Cap 9.|| En la oscuridad

Simon, como cada noche desde que Kamina fue encerrado, se encontraba en un silencioso y nervioso camino hacia la celda de este con un poco de comida. Vernen había prohibido expresamente cualquier trato con el, prácticamente trataba de matarlo de hambre. Al llegar a la celda, susurró el nombre de su hermano para saber si estaba despierto. — Simon... no hace falta que vengas en la noche, solo te voy a causar más problemas...— El tono de Kamina denotaba preocupación por el joven, a la vez que tristeza. — Kamina... lo he decidido, voy a dejar el cuerpo de excavadores, no quiero trabaj...— Simon no pudo terminar la frase, pues  su hermano se levantó y golpeó los barrotes, haciendo un ruido que hizo temblar la pequeña celda.— Retira lo que has dicho...— El tono había cambiado, su voz emanaba cierto enfado— ¡Idiota!, has trabajado duramente para ello, ¿no llevas ni tres semanas en el cuerpo y ya lo quieres dejar? ¿¡Acaso no era tu pasión!? — Su hermano hablaba cada vez más alto y...