Jaime no era más que un alumno aburrido en una clase libre (y no, no era un deprimido de la vida. Es que sus compis lo marginaban, ¿vale?). Tan, tan aburrido estaba que notó que su compañera de delante, María estaba sola.
¿Por qué no hablar con ella? Pensó.
Lo que no sabía Jaime en aquel entonces es que en esos diez minutos de conversación y medio ligoteo acabarían con un final inesperado...
[Relato corto // +16 // Comedia, Humor, ¿Romance?]
Aburrido.
¿Por qué no hablar con ella? Pensó.
Lo que no sabía Jaime en aquel entonces es que en esos diez minutos de conversación y medio ligoteo acabarían con un final inesperado...
[Relato corto // +16 // Comedia, Humor, ¿Romance?]
Aburrido.
Esto era un maldito bodrio.
Pongámonos en situación.
Martes, tercera hora de la mañana, justo antes del recreo. Supuestamente tenían
Lengua con Manu (o El Hippie, apodado cariñosamente por sus alumnos), pero le
había surgido una emergencia y se tuvo que ir (sin embargo, hay quien dice que
fue a una manifestación para legalizar la marihuana...). Así que, en teoría,
estaban siendo vigilados por una profesora que había salido de la nada y nadie
conocía, pero que tenía cierta cara de harpía.
Mientras la sustituta veía
gatitos en el facebook en su móvil (o televisor, por el tamaño), los compañeros
de clase de Jaime ya estaban poniendo en práctica su deporte favorito: ¡el
Tira-Compás! La delegada ya andaba organizando apuestas, y el de dos metros
repetidor era el preferido para encestarlo en la papelera desde la pared.
¿Y por qué Jaime no está
disfrutando de este sano y nada peligroso deporte? Bien, estaba cabreado porque
la delegada le usurpó su puesto de organizador de apuestas. ¡Así no había quién
cogiese dinero para después...! En fin.
Luego de que su torre de
lápices se derrumbase, suspiró. Más que un suspiro, es un resoplido frustrado y
medio cabreado. Empezó a mover la pierna derecha, como siguiendo el ritmo de
una canción más rápida que Flash. En realidad, era su tic nervioso para
indicar que quería que la clase acabase rápido. Miró al reloj de la pared; diez
minutos era demasiado tiempo todavía.
Entonces, se fijó en la
compañera de delante. Su melena castaña y con un intento de mechas californianas
la tapaba como una capa. Sin embargo, estaba inclinada sobre algo. Jaime, que
nunca le dirigió la palabra a María en su vida, ahora se moría de curiosidad
por ella.
Se meció hacia la derecha,
estirando el cuello para atisbar que era lo que hacía. Cuando se dio cuenta de
lo que estaba haciendo, casi se mata del susto.
María estaba estudiando. Estudiando.
Sí, sin hache y en gerundio.
No lograba leer el título
del libro de texto, pero daba igual. Era una locura. Estudiar en hora libre.
¿Qué clase de extraterrestre sin sentido de la diversión era ella?
Decidió molestarla un rato.
-María. Maríaaaa -la llamó
Jaime, estirando el brazo para darle con la punta del boli en la espalda.
-Dime -se dio la vuelta en
su silla, con el brazo en el respaldo y el torso torcido.
-¿De verdad estás
estudiando? -preguntó.
-Uh, claro -contestó, como
si fuese obvio y con un ademán nervioso -Ya sabes, ese examen del... martes. De
la semana que viene.
-¿De verdad estás
estudiando? -reiteró, divertido.
-No -admitió -Tenía que
mantener mi reputación de buena estudiante. ¿Tú qué haces?
-Morirme de asco -contestó
cuando María posó sus ojos en los restos de su torre - ¿Y tú?
-Te lo acabo de decir.
-Ah, ya. Cierto, cierto.
Justo cuando creyó que la
conversación murió, María se levantó y rodeó la silla con las piernas, dejando
el respaldo en su pecho y estómago.
-Oye -llamó ella - ¿Cómo es
que no participas en el deporte nacional de la clase?
-¿Nacional?
-Seh. Algún día seremos una
república independiente -bromeó ella.
-¡Fuerza Clase! -proclamó
-Bueno, pues... la delegada me ha robao el puesto de organizador de apuestas.
-¿En serio es por eso? -sus
labios se curvaron de una manera irónica y burlesca, pero divertida. Casi
coqueta, casi sugerente -Yo creo que es porque con esos bracitos no puedes ni
levantar una goma.
-Eh, eh -se hizo el
ofendido. Entonces, se arremangó el brazo derecho hasta el hombro -Mira, mira y
enamórate. Estos músculos están esculpidos por Dioses.
-¿Y por qué solo el brazo
derecho?
-Cambiando de tema -dijo
precipitadamente. María ahogó una risa -Sé que lo deseas.
-Oh Dios santo -rodó los
ojos, divertida.
-Tú -la señaló -quieres
todo esto -se señaló así mismo. Jaime lo decía en broma, claro. Medio en broma.
Veinticinco por ciento en broma -Por favor, fotos no.
-¡Anda ya! -rió ella -a lo
mucho eres normalillo, tío. No creo que tengas una fila de mujeres a tus pies
cada vez que sales de casa. A no ser que las pagues, ¿las pagas, Jaime?
-Claro que n-
-¡Otra pregunta! -saltó en
el sitio, entusiasmada con la broma. Jaime se fijó en el brillo especial de su
mirada, como una niña encantada con el juego inventado - ¿Qué es lo primero que
le dices a las chicas para ligártelas?
Jaime tardó su tiempo en
asimilar el ritmo de la conversación. Pero claro; esto era como una carrera de
preguntas y respuestas, y no iba a perder ante el encantador entusiasmo de
María (¿encantador? ¿de verdad la había definido así...?). Así que se recolocó
en el sitio, puso su mejor voz sexy y contestó:
-Hey, nena. ¿Quieres venir
y ver unas auténticas órdenes de alejamiento?
María se quedó estupefacta
ante la respuesta, y tardó unos segundos para ponerse a reír como loca. De esa
manera cortada, como que costaba arrancar pero más sincera que un espejo. Jaime
sonrió. Le gustaba la expresión de María cuando se reía; arrugando la nariz,
entrecerrando los ojos, sacudiendo los hombros y llevándose una mano a la boca
(¿por qué intentaba esconderla? Tenía unos labios perfectos. Gruesos pero sin
ser grotescos. Besables).
-Ah... vale, vale. Ahora se
entiende todo -asintió, recuperándose de su ataque de risa.
-Bien, y ahora, antes de
que me interrumpas -comenzó Jaime. Se echó hacia adelante, con las palmas
abiertas y las puntas de los dedos tocándose. Casi como un negociador, o un
abogado en las últimas de un acuerdo de divorcio -Tengo una pregunta para ti.
-Dispara.
-¿Cómo te gustan?
-¿Las patatas? Fritas están
deliciosas, pero a la brasa...
-¡No, no! -sacudió la
cabeza, divertido. La sonrisa de María volvió a tener ese pequeño alzado en la
comisura izquierda -Me refiero a los tíos.
-Oh... eso -sonrió.
Ahora era distinto. Las dos
comisuras alzadas, y dejaba entrever los dientes. Los hoyuelos salieron a
pasear y sus orejas algo anchas asomaron de entre el pelo. Era una sonrisa
enigmática, misteriosa, como quien tiene un secreto en la punta de la lengua.
-Sí, eso -dijo Jaime,
extrañado por esa sonrisa -¿Sabes? Tienes pinta de que te gusten morenos. Como
yo.
-Nah, esos no, te lo
aseguro -contestó. Sus ojos azules brillaban, emocionada y traviesa.
-¿Negros?
-No me importa el color
-contestó -pero no, no es mi detalle preferido.
-Interesante, interesante
-dijo él -Vale. ¿Y rubios? Porque tienes pinta de tener un fetiche con los
rubios.
-Dijiste lo mismo de los
morenos -sacudió la cabeza, medio riéndose -y no.
La sirena que anuncia el
recreo tocó. La profesora dio la señal, como sacada de su sueño de gatos y
memes, y sus compañeros huyeron de la escena del crimen (claro, mira que hacer
apuestas sin invitar al director...).
María se levantó muy tranquilamente
y arrimó la silla a la mesa. Ya estaba dándole la espalda a Jaime, dispuesta
marcharse.
-¡Hey, María! -llamó, como
indicando que seguía ahí - ¿Cómo te gustan?
Reiteró su pregunta.
Entonces, María se dio la vuelta. Sus ojos brillaban más, y se mordía el labio
inferior como si estuviese conteniendo en su boca todo el aire de los pulmones.
Sonriendo hasta casi romper
los límites físicos preestablecidos, con los pies juntos y postura recta,
despejó las dudas de Jaime en una sola respuesta.
-Rubias.
Y se marchó.
Jaime se quedó estático,
paralizado y en blanco, No pudo reaccionar, pero en su cabeza fluía un solo
pensamiento.
Si
alguna vez escribo un libro sobre salidas del armario espectaculares, esa será
la primera.
Mirad,
homosexuales, bixesuales, pansexuales, demisexuales y asexuales; así se sale
con estilo.
———
Y hasta aquí mi rabajo de gallego traducido al castellano. En serio, todo eso (excepto unas leves modificaciones) lo leí en alto y clase, chistes verdes y todo.
¡Ah, sí! Esta historia está con el mismo título y con una portada chula en wattpad, así que no me denunciéis por copyright xD
+1 y/o comentario si os ha gustado~
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Y hasta aquí mi rabajo de gallego traducido al castellano. En serio, todo eso (excepto unas leves modificaciones) lo leí en alto y clase, chistes verdes y todo.
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