Kamina se puso en pie y bostezó antes de dirigirse a Simon.
-Feliz cumpleaños, Simon. Hoy vas a presentarte al cuerpo de excavadores. ¿no?-
Simon asintió un poco nervioso, tenía que ir a la casa del jefe de la aldea y presentarse, tenía miedo de que no fuera lo suficientemente bueno para que le permitiera entrar, pues era un trabajo en cierta medida peligroso.
Poco después salieron de la choza/base de la brigada Gurren de camino a la casa del jefe. Los aldeanos que habían salido de su casa estaban dedicándose a alimentar a los cerdos topos, a limpiar la ropa sucia en un pequeño pozo que estaba cerca y muchos otros cargaban con taladros y daban besos a sus familias despidiéndose, la jornada de excavadores estaba apunto de comenzar.
- Ya hemos llegado, Simon.-
Kamina se detuvo frente a la tosca casa del jefe de la aldea y tocó la puerta.
- Vamos, Simon, sin miedo, creo en tí.-
Escucharon fuertes pisadas y la puerta se abrió de golpe, el jefe de la aldea, un hombre con cara de pocos amigos y bastante estricto, miró a los chicos con recelo.
-¡Simon! ¿¡Que haces con ese delincuente juvenil!? Me han llamado del orfanato diciendo que no has aparecido esta noche y resulta que te vas con el macarra de la aldea...
- Cierra la boca, viejo. Simon va a ser a partir de ahora mi hermano, y si lo traje aquí no fue para que viera tu cara de cerdo topo. Traje aquí a Simon para que se presentara a excavador.-
Kamina lo miró desafiante, el jefe, palideció al escuchar a Kamina, la sangre le hervía por todos los insultos que acababa de recibir. "Que se cree este mocoso para hablarme así..." pero no tenía la espada de madera a mano, y es más... Dijo que trajo aquí a Simon para que se presentara a excavador. Después de una mirada severa hacia Kamina, el jefe de la aldea posó sus ojos en Simon.
-Así que quieres convertirte en excavador, ¿eh? Como tu padre...-
Simon asintió mientras miraba al suelo, el jefe de la aldea miró un momento a Kamina antes de preguntar a Simon.
-Dime... este vándalo... ¿te ha estado metiendo ideas absurdas en la cabeza? No le creas nada... el hijo de un mentiroso, será también un mentiroso.-
Simon se sorprendió al oír eso, "¿El hijo de un mentiroso?" Observó a Kamina, el rostro de su aniki estaba marcado de odio mientras observaba al jefe de la aldea.
- Lo diré una vez más, viejo. Mi padre no es un mentiroso, la superficie existe. Yo la vi.-
-Já, tonterías, tal cosa no existe, tu y tu padre sois unos mentirosos, y la vergüenza de la aldea. Si la superficie existe, y fue a ese lugar... ¿Por qué te dejó aquí abandonado!?-
En ese momento Kamina dió un paso hacia el jefe, lo cogió del hombro con una mano y cerro el puño de la otra.
-Has llegado demasiado lejos, viejo.- Cogió impulso para pegarle un puñetazo con todas sus fuerzas, pero justo en ese momento... - ¡ANIKI!- El grito de Simon resonó con fuerza y Kamina soltó al Jefe con desdén.-Simon, estaré esperando fuera, buena suerte.-
Tras decir eso se dió la vuelta y de alejó de la casa del jefe, no sin antes hacerle el corte de manga.
El jefe de la aldea observó a Kamina alejandose y entró de nuevo en su casa, instando a Simon a que pasara. Simon lo siguió hacia su despacho, y ahí se detuvo.
-Kamina no es una mala persona, el me protegió en el terremoto de ayer... con su propio cuerpo.- El jefe se detuvo al escucharlo y lo miró sin saber que responder.
- Por favor, déjeme entrar en el cuerpo de excavadores.-
El jefe asintió y se puso a rebuscar en sus cajones hasta que sacó una caja pequeña y alargada. Se la tendió a Simon y le hizo señas para que la abriera. Simon cogió la caja con cuidado y la abrió despacio, dentro estaban unas gafas cuyos lentes servían para iluminar los tuneles, eran las gafas de excavador, pero están no eran como las que tenian los excavadores , de color negro, las gafas que Simon recibió eran rojas, Simon extrañado preguntó. -Señor... estás gafas...-
- Son de tu padre, Simon, o lo serian si no... en fin, ese color es un rasgo distintivo de la élite de excavadores, a tu padre le gustaría que las tuvieras. No me decepciones.-
Simon miró en silencio las gafas, tocandolas con suavidad antes de ponerselas.
- Para entrar oficialmente tienes que hacer una pequeña prueba. Debes cavar un tunel totalmente liso en el suelo, debe conectar con esa pared.- Dijo señalando por ventana a la pared que había a unos cincuenta metros de donde estaban, Simon se levantó, temblando un poco y salió de la casa del jefe mientras observaba la pared, el jefe due detras de el poco despues, llevaba un taladro manual más grande que el que tenía Simon.
-Aquí tienes, si pasas la prueba, será totalmente tuyo.-
Le tendió el taladro a Simon y se sentó señaló un punto en el suelo.
-Empieza aquí, buena suerte, Simon.-
Simon clavó el taladro al suelo y empezó a accionar la manivela, el taladro era más grueso que el, y la piedra se resistía a dejarse romper.
Poco a poco el taladro se fue hundiendo en el suelo y Simon se puso sus gafas, se acostó en el suelo y siguió excavando, cada ves que el taladro se hundía el se hundía con el, un rato después, todo su cuerpo desapareció en el agujero.
Excavando
Simon apenas podía ver la tierra que excavaba, iluminada por sus gafas, ya había dejado de excavar hacia abajo e iba recto , en la dirección aproximada a la pared.
Excavando
Varios minutos después, empezó a excavar en diagonal, subiendo poco a poco, sus brazos ardían, el sudor resbalaba por su frente, pero a el no le importaba, estaba excavando..Excavando...
Sabía que estaba cerca de la pared, la piedra se dejaba tratar más conforme se acercaba a su objetivo.
Un minuto después, la punta de su taladro no encontró resistencia, y un poco de la luz artificial de la aldea, Simon apuró el taladro, movió la manivela con todas las fuerzas que le quedaban y... Su taladro se abrió paso en la pared, Simon, alegre, reptó por el agujero que había creado y salió de la pared. El jefe de la aldea estaba justo enfrente de el.
- Has aprobado. A partir de ahora podrás trabajar como excavador, enhorabuena.-
Simon sonrió y de dió la vuelta, para observar el boquete que había abierto. "Al fin..."
-¡Oye, Simon el excavador!, ¡Lo has conseguido, como era esperar de mi hermano pequeño!-
Simon se dio la vuelta siguiendo la voz de quien habló y se encontró con los ojos de Kamina.
-¡ANIKI!- Fue corriendo al abrazarlo, Kamina le dió unas palmaditas en la cabeza, pero cuando Simon lo rodeó con sus brazos el lo apartó con un suapiro de dolor.
-¿Aniki...?-
- Hey, Simon, sabía que lo conseguirías, ¿y sabes qué?, mientras tu lo bordabas bajo tierra yo fui hacerme un tatuaje.-
Kamina se dió la vuelta, unas ardientes llamas azules cubrían su espalda. Simon soltó un oh...
-¿Sabes que representan estas llamas Simon? Representan las llamas de nuestra hermandad, que nunca, nada ni nadie, podrá apagar jamás.
Era el cumpleaños de Simon, el había recibido varios regalos: Las gafas de su padre, un taladro profesional, había entrado en el cuerpo de excavadores y... el mayor regalo de todos, un hermano que jamás lo abandonaría.
-Feliz cumpleaños, Simon. Hoy vas a presentarte al cuerpo de excavadores. ¿no?-
Simon asintió un poco nervioso, tenía que ir a la casa del jefe de la aldea y presentarse, tenía miedo de que no fuera lo suficientemente bueno para que le permitiera entrar, pues era un trabajo en cierta medida peligroso.
Poco después salieron de la choza/base de la brigada Gurren de camino a la casa del jefe. Los aldeanos que habían salido de su casa estaban dedicándose a alimentar a los cerdos topos, a limpiar la ropa sucia en un pequeño pozo que estaba cerca y muchos otros cargaban con taladros y daban besos a sus familias despidiéndose, la jornada de excavadores estaba apunto de comenzar.
- Ya hemos llegado, Simon.-
Kamina se detuvo frente a la tosca casa del jefe de la aldea y tocó la puerta.
- Vamos, Simon, sin miedo, creo en tí.-
Escucharon fuertes pisadas y la puerta se abrió de golpe, el jefe de la aldea, un hombre con cara de pocos amigos y bastante estricto, miró a los chicos con recelo.
-¡Simon! ¿¡Que haces con ese delincuente juvenil!? Me han llamado del orfanato diciendo que no has aparecido esta noche y resulta que te vas con el macarra de la aldea...
- Cierra la boca, viejo. Simon va a ser a partir de ahora mi hermano, y si lo traje aquí no fue para que viera tu cara de cerdo topo. Traje aquí a Simon para que se presentara a excavador.-
Kamina lo miró desafiante, el jefe, palideció al escuchar a Kamina, la sangre le hervía por todos los insultos que acababa de recibir. "Que se cree este mocoso para hablarme así..." pero no tenía la espada de madera a mano, y es más... Dijo que trajo aquí a Simon para que se presentara a excavador. Después de una mirada severa hacia Kamina, el jefe de la aldea posó sus ojos en Simon.
-Así que quieres convertirte en excavador, ¿eh? Como tu padre...-
Simon asintió mientras miraba al suelo, el jefe de la aldea miró un momento a Kamina antes de preguntar a Simon.
-Dime... este vándalo... ¿te ha estado metiendo ideas absurdas en la cabeza? No le creas nada... el hijo de un mentiroso, será también un mentiroso.-
Simon se sorprendió al oír eso, "¿El hijo de un mentiroso?" Observó a Kamina, el rostro de su aniki estaba marcado de odio mientras observaba al jefe de la aldea.
- Lo diré una vez más, viejo. Mi padre no es un mentiroso, la superficie existe. Yo la vi.-
-Já, tonterías, tal cosa no existe, tu y tu padre sois unos mentirosos, y la vergüenza de la aldea. Si la superficie existe, y fue a ese lugar... ¿Por qué te dejó aquí abandonado!?-
En ese momento Kamina dió un paso hacia el jefe, lo cogió del hombro con una mano y cerro el puño de la otra.
-Has llegado demasiado lejos, viejo.- Cogió impulso para pegarle un puñetazo con todas sus fuerzas, pero justo en ese momento... - ¡ANIKI!- El grito de Simon resonó con fuerza y Kamina soltó al Jefe con desdén.-Simon, estaré esperando fuera, buena suerte.-
Tras decir eso se dió la vuelta y de alejó de la casa del jefe, no sin antes hacerle el corte de manga.
El jefe de la aldea observó a Kamina alejandose y entró de nuevo en su casa, instando a Simon a que pasara. Simon lo siguió hacia su despacho, y ahí se detuvo.
-Kamina no es una mala persona, el me protegió en el terremoto de ayer... con su propio cuerpo.- El jefe se detuvo al escucharlo y lo miró sin saber que responder.
- Por favor, déjeme entrar en el cuerpo de excavadores.-
El jefe asintió y se puso a rebuscar en sus cajones hasta que sacó una caja pequeña y alargada. Se la tendió a Simon y le hizo señas para que la abriera. Simon cogió la caja con cuidado y la abrió despacio, dentro estaban unas gafas cuyos lentes servían para iluminar los tuneles, eran las gafas de excavador, pero están no eran como las que tenian los excavadores , de color negro, las gafas que Simon recibió eran rojas, Simon extrañado preguntó. -Señor... estás gafas...-
- Son de tu padre, Simon, o lo serian si no... en fin, ese color es un rasgo distintivo de la élite de excavadores, a tu padre le gustaría que las tuvieras. No me decepciones.-
Simon miró en silencio las gafas, tocandolas con suavidad antes de ponerselas.
- Para entrar oficialmente tienes que hacer una pequeña prueba. Debes cavar un tunel totalmente liso en el suelo, debe conectar con esa pared.- Dijo señalando por ventana a la pared que había a unos cincuenta metros de donde estaban, Simon se levantó, temblando un poco y salió de la casa del jefe mientras observaba la pared, el jefe due detras de el poco despues, llevaba un taladro manual más grande que el que tenía Simon.
-Aquí tienes, si pasas la prueba, será totalmente tuyo.-
Le tendió el taladro a Simon y se sentó señaló un punto en el suelo.
-Empieza aquí, buena suerte, Simon.-
Simon clavó el taladro al suelo y empezó a accionar la manivela, el taladro era más grueso que el, y la piedra se resistía a dejarse romper.
Poco a poco el taladro se fue hundiendo en el suelo y Simon se puso sus gafas, se acostó en el suelo y siguió excavando, cada ves que el taladro se hundía el se hundía con el, un rato después, todo su cuerpo desapareció en el agujero.
Excavando
Simon apenas podía ver la tierra que excavaba, iluminada por sus gafas, ya había dejado de excavar hacia abajo e iba recto , en la dirección aproximada a la pared.
Excavando
Varios minutos después, empezó a excavar en diagonal, subiendo poco a poco, sus brazos ardían, el sudor resbalaba por su frente, pero a el no le importaba, estaba excavando..Excavando...
Sabía que estaba cerca de la pared, la piedra se dejaba tratar más conforme se acercaba a su objetivo.
Un minuto después, la punta de su taladro no encontró resistencia, y un poco de la luz artificial de la aldea, Simon apuró el taladro, movió la manivela con todas las fuerzas que le quedaban y... Su taladro se abrió paso en la pared, Simon, alegre, reptó por el agujero que había creado y salió de la pared. El jefe de la aldea estaba justo enfrente de el.
- Has aprobado. A partir de ahora podrás trabajar como excavador, enhorabuena.-
Simon sonrió y de dió la vuelta, para observar el boquete que había abierto. "Al fin..."
-¡Oye, Simon el excavador!, ¡Lo has conseguido, como era esperar de mi hermano pequeño!-
Simon se dio la vuelta siguiendo la voz de quien habló y se encontró con los ojos de Kamina.
-¡ANIKI!- Fue corriendo al abrazarlo, Kamina le dió unas palmaditas en la cabeza, pero cuando Simon lo rodeó con sus brazos el lo apartó con un suapiro de dolor.
-¿Aniki...?-
- Hey, Simon, sabía que lo conseguirías, ¿y sabes qué?, mientras tu lo bordabas bajo tierra yo fui hacerme un tatuaje.-
Kamina se dió la vuelta, unas ardientes llamas azules cubrían su espalda. Simon soltó un oh...
-¿Sabes que representan estas llamas Simon? Representan las llamas de nuestra hermandad, que nunca, nada ni nadie, podrá apagar jamás.
Era el cumpleaños de Simon, el había recibido varios regalos: Las gafas de su padre, un taladro profesional, había entrado en el cuerpo de excavadores y... el mayor regalo de todos, un hermano que jamás lo abandonaría.
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