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Cap 6|| Enterrado

"No puedo respirar, no puedo ver, escuchó a los demás gritar, pero no soy capaz de mover la boca... Voy a morir..."
Simon se encontraba atrapado bajo una piedra, que aunque no llegó a herirle fatalmente le estaba cortando la respiración, y cuando cayó, se golpeó la cabeza, quedando inconsciente.
"Aniki... " Simon escuchaba los gritos de su hermano, llamándolo con desesperación." Aniki... estoy aquí..." Pese a todos sus esfuerzos, no pudo articular palabra.



 Cuando Kamina lo encontró, levantó la piedra que ocultaba a Simon, mientras sentía el sudor frío recorriendo su espalda.
— ¡Simon, Simon!— Gritaba Kamina intentando incorporarlo— ¿Estás bien Simon?— El muchacho abrió los ojos lentamente mientras una bocanada de aire alimentaba los pulmones— Aniki...— Fue capaz de decir.

Kamina sonrió, pese a todo su hermano parecía estar bastante bien, se lo cargó al hombro y fue junto a los otros dos miembros, que polvorientos y magullados temblaban de miedo por la situación.
Kibo intentaba mantener la calma, pero el otro miembro, cuyo nombre Simon desconocía aún murmuraba en estado de shock.
"Nos hemos perdido..." "No tuvimos que haber seguido a ese chico..." "Kamina, es tú culpa..."
Murmuraban los chicos. Simon se sentía culpable, pero sobretodo, se sentía aterrado.
—Vamos a morir... Por mi culpa... —Susurró Simon tristemente, Kamina lo abrazó con fuerza y con tono enérgico dijo: — ¡Simon! ¡No vamos a morir! ¡ Te tenemos aquí, y tú eres Simon, Simon el excavador!— Buscó a su alrededor y localizó en taladro de Simon, que había visto de pasada mientras buscaba a su hermano, con una sonrisa confiada depositó el taladro en las manos de Simon. — Tu taladro es el que nos labrará el camino, Simon....—  El joven sentía como la mirada confiada de su hermano lo tranquilizaba, pero... — N-no se donde estamos... No seré capaz de encontrar el camino para volver...— Su hermano lo interrumpió colocando su mano en el hombro del chico — Simon... Si no confías en ti, confía en mí que confío en ti. — Simon no entendía bien lo que Kamina le dijo, pero si lo que quería decir.
Asintió, y con determinación cogió el taladro y adelantó a los dos chicos que seguían temblando, Puso una mano en el soporte del taladro y lo apoyó en la pared, con la otra cogió la manivela, y embargado por la confianza de Kamina, empezó a cavar.

Pasó media hora, Simon no había perdido la confianza, pues Kamina que lo seguía de cerca guiando a los otros dos estaba muy tranquilo, reía y bromeaba sobre lo que harían al llegar a la aldea, tanta tranquilidad y alegría se contagiaba lentamente al resto del grupo, haciendo que Simon viera esperanza.
Al cabo de un tiempo, la punta del taladro dejo de notar resistencia, y Simon lo separó un momento mientras sentía que el corazón le iba a estallar,  puso el ojo en el agujero que había creado y suspiro aliviado mientras se giraba para observar a los demás
 — Chicos... estamos en casa.

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