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Cap.5 || El escondrijo.

Habían pasado dos meses desde que Simon adoptó a Boota, y como sus anteriores dueños decían, este no había crecido.
Kamina rondaba  el agujero por el que Simon se había metido, esperando su regreso, cuando escuchó el peculiar sonido del taladro de Simon creando otro agujero en la pared.

— ¡Ya era hora! Llevaba cerca de media hora esperandote— Suspiró Kamina al ver el rostro polvoriento de Simon.
— Aniki... — El rostro de Simon reflejaba emoción.— ¡tienes que ver esto!— Sin más explicaciones, Simon se metió de nuevo en el agujero para que Kamina lo siguiera.
Kamina sonrío, si Simon estaba emocionado era porque había encontrado algo realmente interesante.
Pese a las ganas del chico de seguirlo, el túnel creado por su "hermanito" era demasiado pequeño, arrastrándose y retorciéndose como podía apenas alcanzaba a seguir su rastro.
—¡Aniki tardas demasiado!— Reía Simon mientras llegaba a su destino, saliendo del túnel seguido por Kamina, que boqueaba por el esfuerzo.
Cuando al fin salió del túnel, silbó bastante sorprendido mientras observaba a su alrededor, Simon había encontrado lo que ellos llamaban una cueva, enormes espacios subterráneos que se crearon sin la influencia humana. El techo, repleto de cristales, reflejaba de forma nítida el haz de luz  del casco de Simon por casi todo el lugar. Al fondo se oía el ruido de agua fluyendo, Kamina se acercó forzando la vista para escudriñar el origen del ruido. Un pequeño riachuelo subterráneo se habría paso. Kámina miró a su hermano sorprendido.
— Simon, parece que has encontrado lo que podría ser el escondrijo de la brigada Gurren.—
El joven asintió  feliz de haber impresionado a Kamina, realmente había sido un gran descubrimiento.
—Pero Aniki, tendríamos que cavar un túnel más grande para que todos podamos pasar con comodidad.— Sugirió mientras le echaba un vistazo al agujero por el que habían salido.
Kamina asintió, y después de un trago de Kámina a la fresca agua del riachuelo, se pusieron en marcha.
Simon empezó a aumentar el tamaño del pequeño túnel que había creado, y a cada pocos metros Kamina pasaba por el para  cerciorarse de que podía pasar de manera más cómoda.
Tras aproximadamente cien metros de túnel, Simon alcanzó la entrada de la aldea Jeeha.
— Buen trabajo Simon.— Sonrío Kámina mientras se despedía para ir a avisar al resto de miembros de la brigada Gurren.

Esa noche, Simon apenas pudo dormir de la emoción que le embargaba el descubrimiento de lo que Kamina llamó "Nueva base secreta de la Brigada Gurren".

Cuando el chico despertó se sorprendió, pues Kamina lo miraba fijamente.
— SIIIIMOOOOON! Ya estás despierto, ¿VERDAD? Vamos, te estamos esperando todos, enseñales a esos inútiles tu gran descubrimiento.— 
Simon se levantó a duras penas y trastabillando salió de su hogar, no sin antes coger su inseparable taladro saludando a un adormilado Kibo, y al nuevo miembro de la pandilla de Kamina, mientras los llevaba al agujero que había creado ayer, Kamina le pasó el brazo por encima. — ¿Que ocurre hermano?— Preguntó al joven. —Pareciera como si un rebaño de Topo-cerdos te hubiera arrollado.—
Simon le confesó que apenas había dormido, a lo que Kamina rió. A los pocos minutos habían llegado a la entrada del túnel.
Después de unas cuantas advertencias de Simon que acababan en un " No os separeis de Kamina" Se pusieron en marcha.
Los amigos de Kamina hacían mucho alboroto, en un par de ocasiones Simon se preocupó de la integridad del túnel
Cuando estaban a mitad de camino, sus temores se confirmaron, pues se abrió un boquete sobre los pies de todos, y cayeron irremediablemente entre varias rocas. Para Simon todo ocurrió en una fracción de segundo, primero escuchó gritos y vió la tierra abrirse, después se quedó todo en negro.

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